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La subasta para la compra co·lectiva de la OCU ha dado como ganadoras dos empresas del oligopolio energético. La rebaja de precio para los consumidores podría apoyar sobre el resto de clientes de estas empresas

 

Lo primero es explicar qué es la compra co·lectiva: la OCU, en este caso, organiza un grupo de gente que voluntariamente se han adherido a fin de comprar de golpe la energía a unos precios más bajos. Con tantos clientes de golpe, las empresas pueden ofrecer unos precios más bajos, durante, al menos, un año. La clave es el poder de negociación que da el hecho de ser un co·lectivo que contrata de forma masiva un servicio. Podeis ver más información aquí.

El año pasado ganó la empresa HolaLuz con un grupo de unas 27.000 personas. Este segundo año, hay unas 107.000. El año anterior ganó la subasta una pequeña comercializadora que garantiza el 100% de energía verde y que practica un trato con los clientes de una forma más cercana, respetuosa y transparente. Este año no se han presentado y valoraremos porque más adelante.

este año, pero, mucha gente se ha puesto las manos a la cabeza al saber que l’OCU declaró ganadoras de la subasta a dos grandes empresas que forman parte del oligopolio, E.ON i Gas Natural. Ya explicamos en aquest post cuál es la responsabilidad de las grandes empresas en la pobreza energética y su papel en la configuración de un mercado opaco y nada democrático.

Los criterios de selección de las empresas ganadoras han sido simples: el mejor precio para los usuarios adscritos a la subasta.

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En mi opinión, del todo insuficiente. La problemática energética en España no es sólo una cuestión de precio. de hecho, los precios más caros de la Europa continental son el indicativo de unas situaciones de privilegio y asimetría de poderes enormes. La problemática con las grandes empresas no es sólo de precio, es de trato con los clientes, de abuso de posición dominante, de técnicas comerciales inmorales, de incidencia en el poder político para legislar Al su favor, i salaris de dividendos exorbitantes, de manipulación de precios, entre otros.

Lo que los consumidores tenemos derecho de disfrutar es de un sector energético transparente y democrático, de unas empresas que nos traten con respeto y que sean honestas. No sólo necesitamos pagar menos. de hecho, los ahorros medios de la subasta son de entre 20 y 40 € al año, una importación que, en mi caso, no me compensa el hecho de dar negocio a estas empresas.

otras empresas, como Som Energia, que estaban presentes en la subasta, presentan unos principios organizativos, éticos y morales que son, precisamente, los que deberían imperar en un mercado estratégico como este que comercializa un recurso básico para el desarrollo de una vida digna en nuestra sociedad. En mi opinión, era más importante dar un mensaje claro a las grandes empresas de que los consumidores quieren otro tipo de relaciones comerciales, tanto con sus empresas como de éstas con el poder. ahora, el mensaje que está llegando es que sólo importa el precio, nada más. Y no es así, o no debería ser así.

El mensaje en clave de valores es que las personas sólo valoramos el criterio económico y no damos importancia a nada más. Son muchos los ejemplos que los efectos del low cost son mucho peores a largo plazo que no el pequeño ahorro inmediato, o que siempre acaban repercutiendo en alguien, aunque no sea el consumidor directo. Como sociedad, hay que valorar otras cosas y, precisamente, el precio debería ser una de las últimas. No hacerlo así nos ha llevado a la situación de co·caigo sociales i Ambiental real.

Observemos ahora porque HolaLuz no se ha presentado

según ellos, han rechazado presentarse este año porqué las condiciones de precio eran inaceptables para ellos. L'any anterior, HolaLuz igualó el precio de la subasta a todos sus clientes, sin hacer distinciones entre quienes se había adherido y quién no. Al no poder hacerlo este año, han decidido no presentarse.

lo grave, en mi opinión, son los argumentos que la OCU, siempre según HolaLuz, les dio para intentarlos convencer: cobrar precios mayores a otros clientes o vender productos adicionales de mantenimiento.

Vender productos adicionales de mantenimiento es una de las situaciones que nos encontramos en los puntos informativos. Personas de bajos ingresos que pagan más de un tercio de la factura en algunos servicios que no necesitan, que no han pedido y que les ha·colocado un comercial agresivo aprovechándose de su buena fe. Siempre decimos que en el caso de la electricidad no hay ningún servicio adicional. La OCU, ser así, promociona una mala práctica que causa graves problemas en muchos hogares.

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Cobrar más a otros clientes causa un agravio comparativo entre clientes de un mismo servicio. Alguien paga más que otro por el mismo servicio: otra mala práctica empresarial. Además se daría la situación que unos clientes están financiando las facturas de los demás. La buena idea de la OCU lo acabarán pagando el resto de clientes de las empresas ganadoras. No deja de ser paradójico que una organización de consumidores busque beneficios para sus asociados a coste de causar un perjuicio a otros consumidores que simplemente no se han apuntado a la subasta.

Habrá que ver ahora cuántos de los 107.000 inscritos terminan contratando efectivamente con Gas Natural y E.ON y habrá que ver una valoración de este año que ahora comienza.

En la tercera subasta habría que incorporar otros criterios, las tanto ansiadas cláusulas sociales.